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sábado, 13 de abril de 2013

¡Triste, pero esperanzada!


¡Triste, pero esperanzada!
De Osiris Bocaney, el viernes, 8 de marzo de 2013 a la(s) 10:04 ·

Hoy leía las líneas escritas por César Miguel Rondón en su artículo "La hora que nos toca". Me sorprendió favorablemente leer algo muy similar a mi propia vivencia del día 05 de marzo de 2013... ¡y sentí paz! Sin embargo -vaya con ese morbo o curiosidad que me hizo seguir "bajando" en la citada página-, luego de la paz vino una inmensa rabia e impotencia al leer los comentarios de personas que, en lugar de apreciar y agradecer la belleza del gesto y la invitación implícita en aquel escrito, se dedicaron a insultarse unos a otros.Allí me di cuenta de que, lamentable y muy ciertamente, están cegados por unas ganas de insultar y agredir al otro que no tiene color político. No, no se puede decir que los agresivos son los chavistas u opositores, pues allí vi -una vez más- que no se trata de eso: se trata de gente que -sea del bando que sea- ha perdido su vinculación con la mínima decencia y respeto por la dignidad humana, por su propia dignidad, que debería impulsarle a respetarse a sí mismos y evitar proferir insultos y agresiones. Había gente que alegaba que su familia se había dividido "por culpa" de unos o de otros, pero allí pude ver que no, que los causantes de su división familiar son ellos -repito, unos y otros- con su ejercicio de irrespeto e intolerancia ante las diferencias que nos caracterizan por ser humanos. Aplaudo el contenido, el mensaje y la invitación de Rondón en sus líneas, pero no acepto el resto de lo que leí, bajo la premisa de lo que siempre le digo a mis "pollos": para pelear hacen falta dos... a lo mejor aparece el primero, con que yo decida no ser la segunda en discordia, ¡gano y venzo! Y no lo acepto, no desde la moralina y la crítica a ojos cerrados; no lo acepto porque he vivido esa diversidad en mi familia y -gracias a Dios- hasta el sol de hoy no ha nacido un Chávez, un Capriles, ni un nadie que logre separar ese maravilloso vínculo familiar, el respeto y el afecto que nuestra madre y nuestra abuela nos regalaron en vida y que nos han permitido coincidir y diferir en muchos momentos sin tener que llegar a odiarnos o separarnos. Además, siempre he dicho que un hombre no es el pueblo, el pueblo decide qué quiere ser, uno a uno, persona a persona; entonces, malmente podemos decir que una persona sola determine lo que decides ser... ese determinismo no me convence, hoy menos que nunca. Prefiero apostar por la suma de múltilples decisiones personales que, coincida o no yo con ellas, debo aprender a tolerar y convivir con ellas por sanidad.

No lo acepto porque, en mi dignidad de persona, DECIDO respetar a mis semejantes; no lo acepto, porque conozco y respeto a gente maravillosa que se hace llamar oposición o que se hace llamar chavista... Yo no los conocí, amé o respeté bajo ese signo, sino bajo el signo de SER PERSONAS... personas maravillosas, creativas, inteligentes, solidarias y afectuosas. ¡Con eso me quedo, en la certeza de que algún día reconoceremos que, en esencia, somos hermanos en ese Padre-Madre maravilloso que nos dio el ser y compañeros de vida para la construcción de un mundo mejor, desde la posición política, religiosa, ideológica -o como quieran llamarla- que profesemos, siempre y cuando busquemos el bien común! Un abrazo para ti, que me lees... pero, permíteme que te abrace desnudo, desnuda, en la confianza de que abrazo a la persona que eres y no a la camisa que hoy decidiste ponerte. ¡Que Dios te bendiga!

Poema para mi madre


Poema para mi madre

Hoy la historia nos anocheció la sonrisa
y el manantial de tus ojos
me ha inundado la conciencia,
¡me ha inundado la esperanza!

Te derramaste ante mí
con dolor inenarrable
y me quebré de impotencia
con tu llanto inconsolable.

Y quise ser consuelo, amiga, hija,
compañera solidaria
pero me desarmó tu tristeza
y me paralizó tu abrazo.

Te pedí que respiraras
mientras yo me ahogaba en llanto
y te admiré, más que nunca,
en tu naturaleza humana.

Bendito sea tu dolor,
¡benditas sean esas lágrimas!
que hoy me hacen despertar
y salir de esta crisálida.

Hoy despierto ya a la vida
tú me has hecho más humana
hoy siento que aún más me obligo
a luchar por el mañana.

Yo no puedo consolarte,
madre, amiga, patria, hermana…
pero tu dolor me duele
y mi corazón desgarra.

Yo no puedo consolarte,
creo que –más que tú- ¡soy tan blanda!
que temo resquebrajarme
si apenas mi voz te habla.

Brindo por que en el futuro,
nuestras distancias no valgan
que valga aún más la hermandad
de nacer en esta patria
y que juntas, como siempre
luchemos en esta tierra ancha
por tus hijos, por los míos,
¡por toda esta tierra vasta!
no con armas, con ideas,
con poemas y palabras.

Hoy te abrazo y regalo
mi corazón y mi alma
y te entrego, ¿por qué no?
mi dos manos solidarias
para estrecharte muy fuerte
y para secar tus lágrimas.

Te regalo, con mis versos,
la esperanza de un mañana
con miles de corazones
y de manos hermanadas.
Por caridad, ¡ya no llores!
¿no ves que me resquebrajas?
Ve tranquila, lleva flores
al que yace en su mortaja
mas no olvides tu legado
de hacer una mejor patria.

Ya no llores, madrecita,
grita ¡que viva la patria!
y sigamos por la vida
en esta lucha callada
por un mundo más humano
por una patria más sana.

viernes, 12 de abril de 2013

Tristeza y Esperanza


Tristeza y Esperanza
(Ceguera paradójica)

Triste
un pueblo llora tu partida
con la certeza de que no estás y la conciencia de tu vacío.
Lamentan que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan… ¡y lloran!
para albergar el dolor y la ilusión de un hasta siempre
en la siembra de tus ideas,
anhelando un nuevo tiempo,
con tu ausencia y de tu mano.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Llega la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzado,
un pueblo sonríe ante tu partida
y se engalana para celebrar tu ausencia.
Se alegran de que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan … ¡y lloran!
anhelando un tiempo nuevo
que no estará unido a ti.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Muere la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzada -pero triste-, lloro,
ante la ceguera paradójica de un pueblo que aún no entiende
que contigo, o sin ti,
la patria se hace desde la vida misma,
no se posterga
en la esperanza de la muerte de otros,
en el peso mesiánico y pasivo de aguardar tiempos mejores
en la culpa que recae sobre el otro.

Esperanzada, abrazo a cada hermano venezolano,
en su alegría, en su tristeza y –aún más- en la esperanza
de un despertar de conciencias,
de un amor más puro;
de un presente en armonía, a pesar de las diferencias;
de una patria bella,
diversa… ¡simplemente patria!