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miércoles, 12 de junio de 2013

Un limón, medio limón

Un limón, medio limón


Un limón, medio limón, dos limones...
Una amargura, dos amarguras, tres amarguras...
Un recuerdo, dos recuerdos y ahí te ves...
Una pasión, un vaporón, muchas pasiones...
Un limón, medio limón, dos limones…

Un tequila, dos tequilas, luego tres...

Un olvido y un “te quiero”, aunque no estés.
Un lagrimón, medio limón, dos lagrimones.
Te fuiste lejos, te lloré mucho… ¡te olvidé!

Un limón, medio limón, dos limones…

Un tequila, dos tequilas, luego tres...

miércoles, 22 de mayo de 2013

Tu recuerdo

Tu recuerdo

En mi paladar, es como un pie de limón a media mañana:
dulce y reconfortante.  Pero de a poco me bastas.

Es como el pinchazo de una enfermera:
doloroso, pero necesario.

Se asemeja a una tarde de lluvia en casa:
me alegra estar allí, pero lamento que otros lo padezcan.

Tu recuerdo es...  ¡como una ensalada de frutas!:
pero de pronto pruebo la lechoza y me repugna
¡y ya no quiero más!

Y así te paseas por mi memoria.

martes, 14 de mayo de 2013

Olvidos


Olvidos

Olvidó sus dolores,
sus tristezas y heridas;
se fueron los agravios,
ya no hubo resabios,
ni palabras ardidas
por lejanos rencores.

Olvidó desatinos,
se olvidó de sufrir,
se olvidó de olvidar
los amores perdidos,
las peleas lejanas...
...y, de pronto, una mañana
así, con tanto olvido,
se volvió a enamorar
volvió luego a vivir,
¡encontró su destino!

Touch!


Touch!

You touch me
I touch you
in a magical contact
where I feel the essence of your solitude,
and you feel the deep of my sadness.
We touch each other
again and again
inside this everlasting distance.
Sparks of hope shine somewhere!




¡Toque!

Me tocas
te toco
en un contacto mágico
donde siento la esencia de tu soledad,
y sientes la profundidad de mi tristeza.
Nos tocamos mutuamente
una y otra vez
dentro de esta distancia eterna.
¡Chispas de esperanza brillan en alguna parte!

domingo, 5 de mayo de 2013

Desvelo


Desvelo

El frío olor matinal invade cada espacio de mi pesada atmósfera circundante.

Me cala los huesos y las soledades.

Canto temprano de aves jubilosas –otrora fuente de sonrisas-
espantan los vestigios oníricos de un reposo que nunca llegó.

Amanece.

sábado, 13 de abril de 2013

Leonor


Leonor
A Doña Leo de Gabelo


Leonor, madre, entrega, olvido…
mirada triste,
abrazo agradecido.
Leonor es recuerdo
de un tiempo vivido
que otros recuerdan
¡para ella perdido!

Es abrazo tierno
y candoroso al hijo;
es franca sonrisa
en un día domingo,
¡es lágrima abierta al saber que ha partido!

Y es respirar hondo,
con todo el cariño
por buenos recuerdos
de tiempos compartidos
y alegría inmensa
al recordar sus mimos.

¿Es Leonor hoy día
un ángel divino?
No lo sé, mas creo,
desde mi cariño,
que es suspiro tierno
porque ha descansado
es tristeza grande
porque se ha marchado
es herida abierta,
corazón vacío
y es un gozo suave,
que es consuelo mío
de saberla cerca, cerca del Altísimo.

Poema para mi madre


Poema para mi madre

Hoy la historia nos anocheció la sonrisa
y el manantial de tus ojos
me ha inundado la conciencia,
¡me ha inundado la esperanza!

Te derramaste ante mí
con dolor inenarrable
y me quebré de impotencia
con tu llanto inconsolable.

Y quise ser consuelo, amiga, hija,
compañera solidaria
pero me desarmó tu tristeza
y me paralizó tu abrazo.

Te pedí que respiraras
mientras yo me ahogaba en llanto
y te admiré, más que nunca,
en tu naturaleza humana.

Bendito sea tu dolor,
¡benditas sean esas lágrimas!
que hoy me hacen despertar
y salir de esta crisálida.

Hoy despierto ya a la vida
tú me has hecho más humana
hoy siento que aún más me obligo
a luchar por el mañana.

Yo no puedo consolarte,
madre, amiga, patria, hermana…
pero tu dolor me duele
y mi corazón desgarra.

Yo no puedo consolarte,
creo que –más que tú- ¡soy tan blanda!
que temo resquebrajarme
si apenas mi voz te habla.

Brindo por que en el futuro,
nuestras distancias no valgan
que valga aún más la hermandad
de nacer en esta patria
y que juntas, como siempre
luchemos en esta tierra ancha
por tus hijos, por los míos,
¡por toda esta tierra vasta!
no con armas, con ideas,
con poemas y palabras.

Hoy te abrazo y regalo
mi corazón y mi alma
y te entrego, ¿por qué no?
mi dos manos solidarias
para estrecharte muy fuerte
y para secar tus lágrimas.

Te regalo, con mis versos,
la esperanza de un mañana
con miles de corazones
y de manos hermanadas.
Por caridad, ¡ya no llores!
¿no ves que me resquebrajas?
Ve tranquila, lleva flores
al que yace en su mortaja
mas no olvides tu legado
de hacer una mejor patria.

Ya no llores, madrecita,
grita ¡que viva la patria!
y sigamos por la vida
en esta lucha callada
por un mundo más humano
por una patria más sana.

Te me vas quedando dentro


Te me vas quedando dentro
Homenaje al Adorado tormento
y a la querida María Teresa de H.

Me quedo con tus besos moradores de mis labios
y tus caricias tiernas atadas a mi piel,
es que te llevo plantado en el alma
y en el cuerpo
me floreces cada aurora
y cada atardecer;
tu voz es cascada que riega 
cada recuerdo sagrado
cada idea que me has legado
y pervives en mi ser.
No te has ido pues me habitas,
en tu olor, en tus ideas, 
en los frutos del amor
que en vida me regalaste.
No te fuiste, pues me habitas,
y me impulsas adelante
tu presencia me recorre,
me acompaña a cada instante
y soy tuya
y eres mío
y nos amamos más allá 
de esta distancia tan grande
tan difícil de zanjar
Te me vas quedando dentro
cada día y junto a mí
te llevo, amor, y te siento
en cada diario vivir.

Amargo # 1


Amargo # 1

Y, de repente, 
en esta inmensa soledad 
de sentirme acompañada 
descubro que no soy toda bondad como creía. 

Y me gusta, aunque me duela, 
la imperfecta humanidad 
que me permite odiar hasta el dolor 
el maltrato de tu presencia en mi vida. 

Y respiro el pecado 
con el agrado de quien se sabe condenada 
a una vida de miserias a tu lado,
muriendo lentamente en cada sonrisa tuya.

viernes, 12 de abril de 2013

Tristeza y Esperanza


Tristeza y Esperanza
(Ceguera paradójica)

Triste
un pueblo llora tu partida
con la certeza de que no estás y la conciencia de tu vacío.
Lamentan que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan… ¡y lloran!
para albergar el dolor y la ilusión de un hasta siempre
en la siembra de tus ideas,
anhelando un nuevo tiempo,
con tu ausencia y de tu mano.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Llega la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzado,
un pueblo sonríe ante tu partida
y se engalana para celebrar tu ausencia.
Se alegran de que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan … ¡y lloran!
anhelando un tiempo nuevo
que no estará unido a ti.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Muere la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzada -pero triste-, lloro,
ante la ceguera paradójica de un pueblo que aún no entiende
que contigo, o sin ti,
la patria se hace desde la vida misma,
no se posterga
en la esperanza de la muerte de otros,
en el peso mesiánico y pasivo de aguardar tiempos mejores
en la culpa que recae sobre el otro.

Esperanzada, abrazo a cada hermano venezolano,
en su alegría, en su tristeza y –aún más- en la esperanza
de un despertar de conciencias,
de un amor más puro;
de un presente en armonía, a pesar de las diferencias;
de una patria bella,
diversa… ¡simplemente patria!
  

viernes, 4 de enero de 2013

Letanía

Mujer cansada,
en mil sueños perdida
la de tez lustrosa
y la frente ajada.
De la sonrisa fresca
y la melena encendida
en canas de experiencias
tantos años vividas.

Mujer madre,
de abrazo tierno y fuerte
mujer feliz
que has tenido la suerte
de amar de frente
y de ser amada.

Mujer amiga,
mujer madre y también hermana...
... mujer sonrisa,
y llanto callado
y entrega solitaria;
mujer divina, que trasciende
al alba
el sufrimiento y la soledad humana
mujer de profundidad y reflexiones,
de fiestas, de bailes
y juergas ufanas.

Mujer que vives,
en tus arrugas y tus canas
cuentas la historia
de atardeceres
y mañanas
llenos de esperanza
de poesía, de tramas
compartidos unos
secretos los más.
Mujer que vas dejando
toda una vida detrás.

Mujer de mil sonrisas
Mujer de mil lágrimas
Mujer de la entrega
Mujer que reclama
Mujer que has vivido
tu vida en cuerpo y alma.

miércoles, 2 de enero de 2013

Rapunzel (ejercicio de divertimento creativo a cuatro manos)

Mi amiga, Patricia Lara, escribió esta narración breve:

Rapunzel

La llamó desde el pie de la torre
y Ella; harta ya de que fuera a visitarla
en las noches y al amanecer partiera
dejándola en la torre
a merced de la bruja.
en un arrebato de inspiración
-o ira-
cortó con tijera su hermosa trenza rubia
y la arrojó al amante desde el balcón.
¡Y pensó!
A ver si por fin un día al bello príncipe "enamorado"
se le ocurre traer una escalera
para por fin poder ella escapar
y dejar de ser la prisionera
de la bruja cruel y despiadada
y también porque no decirlo
del príncipe encantado.

Patricia Lara

Y  yo, de locotróngola, le propuse los finales siguientes, planteando diferentes escenarios para el desenlace:

Rapunzel (final 1)

Luego del arranque de Rapunzel, afligido, el príncipe se echó a llorar al pie de un arce junto al cual reposaba la larga cabellera.
Lloró desconsoladamente, sus lágrimas bañaron una y otra vez aquel hermoso rostro hasta que, agotado de tanto sollozar, se durmió envolviendo su cara con el dorado recuerdo de su amor ahora roto. 
Pasaba por ahí otro príncipe, también muy apuesto y un poco corto de vista, que buscaba a una princesa condenada a dormir por siempre y, al ver a nuestro príncipe, ocurrió que –confundido por la blonda cabellera que rodeaba su cara- lo creyó la princesa de sus anhelos e inspirado por la emoción del momento le dio el más profundo y apasionado beso  que hombre alguno haya dado.
Lo que al principio fue una sorpresa para ambos, se convirtió en una historia con final feliz:  aliviados de tanta carga, decidieron huir y vivir los dos, felices por siempre.

Rapunzel (final 2)

Cansada de esperar por el príncipe (quien resultó ser un dechado de pereza y no se atrevió a cargar con la escalera), Rapunzel dejó crecer su cabello nuevamente y lo volvió a cortar pero, esta vez fue más inteligente:  se tejió una liana por la que escapó y huyó allende los mares.

Hoy es una princesa liberal, sin ataduras emocionales, cuenta con una peluquera personal que evita que el cabello crezca en exceso, se hizo la queratina para quitar las ondas que le dejara la crineja a la que estaba habituada y vive feliz, pasando una consulta de orientación y terapia de autoayuda para princesas, brujas y hermanastras abandonadas.

¿Y el príncipe?  Sigue soltero, rondando las torres del reino, a ver si cae de ellas alguna cabellera incauta.

Rapunzel (final 3)

El príncipe trepó, como pudo, los muros de la torre.  Al llegar arriba, los amantes se abrazaron y besaron con pasión por varias horas. Hasta que les dio hambre.  Lo primero fue un ataque de pánico. Luego las peleas para dividir las pocas raciones de alimento que les quedaban.  Después, la desconfianza de asomarse a la ventana (¡quién sabe si me empuja!, pensaba cada uno).  Hasta que, agotadas las reservas de alimentos, también se acabaron las energías para pelear.  Avizorando su final, se abrazaron tiernamente con las pocas fuerzas que les quedaban. 

Así encontraron sus osamentas doscientos años después los expedicionarios de la National Geographic al explorar los restos de un castillo medieval.

Rapunzel (final 4)

Viendo que había llegado la hora de actuar, el príncipe trajo a sus mejores hombres y les hizo construir una escalera sólida y estable.  Rapunzel, sorprendida y más enamorada que nunca, bajó por ella hasta los brazos de su amado. 

Juntos construyeron el más grande emporio de escaleras, puentes y sistemas de andamiaje que jamás se haya visto. ¡Ah!, y una franquicia de pelucas de cabello natural, pues a Rapunzel no dejó de crecerle el cabello.  ¡Y vivieron ricos y felices por siempre!

Rapunzel (final 5)

Al anochecer del tercer mes, Rapunzel tomó una decisión que cambiaría su vida.  Al amanecer, ya cansada de esperar, recogió sus cosas en un atado y lo sujetó a su cintura.  Tomó la única cortina de seda del recinto y, extendiendo sus brazos cual águila que planea por los aires, se dejó llevar por la fría brisa matinal (con el tiempo se sabría que, después de Ícaro, era considerada la pionera de los vuelos artesanales en parapente). Contempló paisajes que nunca había imaginado y voló muy lejos, tanto, que aún hoy no atina a recordar cuántos reinos sobrevoló en su huída.  Ya cayendo la tarde, sus brazos ya no soportaban más y fue cediendo mientras caía en una suave picada que más bien la hacía parecer una pluma. 

En tierra, alguien la miraba con ojos de asombro, arrobada ante el brillo que los rayos del sol del ocaso le imponían a aquella cabellera…  Ella, Pocahontas, dejó de llorar por la partida de su querido capitán y se entregó a la contemplación de aquella especie de ángel que caía frente a sus ojos.  Corrió desesperadamente al verla caer al agua, nadó como nunca en busca de su ángel y la llevó a la orilla.  Al ver que no respiraba, sollozó por unos momentos y luego, determinada a quedarse con aquel envío del Dios Sol, intentó compartir un soplo de vida con ella.  En la confusión, el recuerdo del príncipe, del capitán, los deseos dormidos, la admiración por la divinidad y el agradecimiento por la vida recobrada se fundieron en un beso único y prolongado que selló la unión de estas dos princesas que vivieron felices por siempre a orillas del mar, entre conchas, arena y chapuzones a la luz de la luna.




sábado, 1 de diciembre de 2012

Más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla…

Más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla…  ¡pero pa´lante!
Hay un adagio -no sé si de Tagore- que se quedó en mí y conmigo hace muchos años:  “Es infinitamente más hermoso ser engañado mil veces, que perder una vez la fe en la humanidad".  Esta aseveración viene a mi mente en un momento en el que me hallo resolviendo –en mi rol docente- serios problemas de valores y –en mi rol “persona”- enfrentando una de esas revisiones profundas que no siempre nos arrojan los resultados que creíamos obvios; estoy, en fin, llevando a cabo un análisis de mi propio ejercicio docente, desde la perspectiva de dos materias que este período me hicieron “ruido”:  Autoestima y Desarrollo Personal y Desafíos de la Educación.  En el transcurso de ambas cátedras se me plantearon interrogantes que me llevaron a una revisión personal de mi ejercicio docente y del entorno socio cultural y psicoafectivo que lo circunda.  Y, en un punto del análisis, llegué a sentirme bastante disconforme y dolida con lo que sucede a mi alrededor.  Sin embargo, no me quedé en esa primera impresión, sino que pasé a la revisión de esos aspectos que me hacían ruido. 
Un primer elemento que tuve como referencia para mi revisión, fueron los postulados de Albornoz (1985), quien para esa época revisara la estructura del sistema educativo venezolano desde una perspectiva integral con predominantes rasgos de su personalidad.  Me desagradó, en primera instancia, el enfoque sexista y clasista de su análisis.  Sin embargo, al ver desde una perspectiva general el análisis del autor, puedo percatarme que siguen vigentes muchos de los aspectos que se critican en su obra, como si de una burbuja en el tiempo se tratara.  Nuestro sistema adolece de múltiples defectos en todas sus instancias, vicios en la metodología y –a la luz de la coyuntura política actual- vicios profundos en la concepción del rol del docente, de la familia y de TODOS los actores del sistema educativo.  Éste presenta, además, una marcada relativización –en su aspecto legal y formal- de las normas y procedimientos, lo cual para cualquier docente que se precie de serlo en toda la extensión de la palabra, representa un marcado compromiso ético y moral. 
Por si lo anterior fuese poco, se le suman los problemas de desarticulación social y familiar que generan, a su vez toda la crisis de valores que impera en nuestras escuelas, familias y en la sociedad toda.  Para sumar “un toque de dulzura” a este postre, también debemos abordar la capacitación poco adecuada de muchos de los docentes en ejercicio en los momentos actuales, lo cual se añade a un deficiente sistema de remuneración y compensaciones.  En este punto quiero detenerme, porque siento y considero que el aspecto concerniente a los valores es un punto de honor que debemos rescatar.  En los últimos años, en nuestro país, se ha venido instaurando una cultura de “vivalapepismo” que pareciera dar al traste con todo lo que hacemos en el aula.  En el plano personal, como mencioné al principio, me ha tocado de cerca esta crisis de valores es notoria en algunos aprendices a los que doy clases, siendo afectada de manera directa y personal a un punto tal de que mis pertenencias fueron sustraídas, en un caso, o que se ha intentado ir contra mi persona en procedimientos administrativos ilegales por no aprobar a quien, no cumpliendo con las competencias mínimas, no ha obtenido la calificación mínima aprobatoria.  Al pasar por esta coyuntura, incluso mi mente se trasladó al análisis de Hoffman en su obra “La educación desde el banquillo de los acusados”, cuando habla de cómo ha evolucionado (¿o involucionado?) cada una de figuras que se integran como actores del sistema educativo y la concepción que se tiene del marco legal que nos “asiste”.  Debo confesar que mi primera lectura de este segundo autor, fue con una visión más bien divertida; sin embargo, me descubrí leyendo de nuevo en mi mente todo cuanto aportó en sus páginas, a la luz de esta experiencia que acabo de asomar y –definitivamente- logré comprender mucho mejor el punto de vista del autor, llegando hasta a añorar a esos maestros, estudiantes y padres “de antes”.  Y lo digo sin el menor desparpajo, pues es innegable que estos aspectos condicionan el desempeño y motivación de cualquier docente y yo no escapo a esa situación de afección. 
La revisión no termina aquí, creo que he llevármela “de tarea” por muchos, muchos más meses, pero deseo detenerme en este punto para no convertir mi ensayo en un simple balance de pérdidas.  Quiero ahora –desde mis convicciones, mi experiencia y (por sobre todas las cosas) desde mis afectos- dejar sentado que todo este panorama, lejos de ser un tope para mi desempeño profesional, es en realidad una oferta abierta de un escenario para demostrar mis potencialidades; y es en este punto donde que cobra valor y peso específico el nombre de la cátedra: DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN; pues lo que para muchos podría ser un cataclismo de obstáculos puede consolidarse –dependiendo del cristal con que se mire- en el espacio perfecto para destacar y hacer la diferencia.
Comencé hablando del adagio –repito, no sé si de Tagore- que se quedó en mí y conmigo hace muchos años:  “Es infinitamente más hermoso ser engañado mil veces, que perder una vez la fe en la humanidad".  Ante una realidad tan avasallante como la descrita en los párrafos anteriores, no queda nada fácil la congruencia entre palabra y acción, ¡nada fácil!  Especialmente cuando hay los tropiezos inherentes a eso que llamamos naturaleza humana.  Ser congruente con esto, significa trascender el contacto con las miserias –propias y ajenas- y atreverse a soñar, ¡a creer!, que lo que se hace tiene un sentido y ha de surtir un efecto sistémico:  no cambiaremos el sistema sino cambiando nosotros mismos y nuestro entorno.  Eso lo hemos escuchado siempre, toca ahora ponerlo en el plano de la praxis inmediata.

Mencioné anteriormente que esta revisión la he llevado a cabo desde las vivencias poco agradables que como docente me ha tocado presenciar los últimos días.  Por eso hoy, con las lágrimas a flor de piel y con una tristeza más grande que la muralla china, reafirmo mi convicción de ser docente, a pesar del entorno y de los tropiezos, a pesar de esas pequeñas mezquindades que a veces tocan nuestro hacer y nuestro andar.  Me permito reafirmar que creo que vale la pena confiar en el ser humano y apostar por una mejor calidad de vida, con todas las letras y significados que eso implica.  Sí, hoy estoy más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla, pero eso no ha de cambiar mi naturaleza, mis valores y mi convicción de que la educación puede hacer la diferencia.  Educación, ésa, la integral, la que considera el todo y las partes; no la que sólo cubre contenidos y descuida la trascendencia del ser humano.  Hoy me toca, como docente que se reconoce humana y, en tanto tal, perfectible, aprender –de una forma algo retorcida, cruel e ilógica- cuánto valen los afectos y de qué manera superan el valor de un bien material (al menos para mí).  No sé cómo reaccionar del todo ante las agresiones o fallos del sistema, esos que no hieren y lastiman, no quiero actuar (soy educadora, no actriz) y no quiero herir, a pesar de la herida recibida.  Este llanto silente debe traer consigo algún aprendizaje (que aún no decodifico y que me indigna hasta el hartazgo), pero me niego a pensar que sea el no confiar, el no querer, el no amar aquello que hago y para lo cual me he preparado con el mayor de los esmeros.  Me niego a ello de manera rotunda pues, lo contrario, sería ir contra natura.  Hoy, como todos los días, a pesar de esta desagradable sensación que tengo entre pecho y espalda al ver una realidad que no es la que deseo para mí, para mi hija, ni para mis estudiantes ¡BENDIGO EL BIEN Y QUIERO VERLO!, en la convicción de que fuimos creados en bondad, amor y honestidad y que podemos –si así lo decidimos- devolver en bien lo que en bien recibimos, reconociéndonos docentes de calidad, capaces de responder a los retos de esta sociedad y construir –juntos- la patria grande y bonita que nos merecemos.