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domingo, 23 de junio de 2013

Un suspiro y una lágrima


Un suspiro y una lágrima.

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo. Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros… nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca. Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos! Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder! Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel y sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento. Con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!; cerró sus ojos para dar paso a una lágrima ¡y al fin durmió! Con un suspiro

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo.  Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros…  nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca.  Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos!  Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder!  Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel, sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento y, con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!

jueves, 30 de mayo de 2013

Amor emético

Amor emético

Raquel entró al restaurant sonriente y radiante.  Era un reencuentro, en San Valentín, con sus antiguas compañeras, a quienes no veía desde su matrimonio, nueve meses atrás.  Una sola mirada bastó para saber que el hombre hundido en los brazos de su amiga era Joaquín, su amante y fiel esposo.  El que hacía revolotear las mariposas en su abdomen.  Ella lo presentó como su futura pareja ante la mirada atónita de Raquel y la respiración contenida de Joaquín.  Y de pronto, ante la mirada sorprendida de sus amigas y el espanto del maitre, hizo una gran arcada y comenzó a expulsar un vómito amarillo que no caía…  ¡volaba!  Entre arcadas y oleadas de mariposas amarillas que manaban sin control de su boca, escapó del lugar y corrió calle abajo.  La ciudad fue declarada en emergencia: en solo minutos, millares de mariposas amarillas plagaban los jardines, las casas y oficinas.  ¡Era San Valentín y a Raquel el amor le daba asco!



sábado, 25 de mayo de 2013

La rana bajo la lluvia

La Rana Bajo la Lluvia



Una rana pretenciosa
ante la lluvia, muy ufana,
se quejaba agriamente.
porque estaba ya empapada
Saltando de rama en rama
dio uno, dos y tres brinquitos;
cansada de deambular
bajo ese gran temporal
se le ocurrió, de repente

con la hojita de una rosa
cobijar su cuerpecito
y así salir bien parada.

El tallo fue la varilla
de su natural paraguas,
guareciéndose del agua
debajito del envés

y es aquí donde la ves:
cuando la han fotografiado
de una rama hizo una silla
y muy contenta se ha sentado

a orillas de la barranca
y dice, al estirar sus ancas:
¡antes muerta, que sencilla!



Las fotos que ilustran mi poema fueron tomadas en mayo, por el fotográfo indonesio de 27 años, Penkdix Palme.  La ranita es una modelo ejemplar que estoicamente aguanto el temporal, sujetándose a esa rama ¡durante treinta minutos!


A una bruja

A una bruja

Deje de andar mandando lluvia pa´ estos lares
catracha bruja sin ningún oficio
¿no ve que se nos alebrestan los mares
y a los pescadores causa un gran perjuicio?
Ya deje sus conjuros y haga algo de bueno
¿no ve que esta lluvia recuerda desamores
vuelve pesadilla los pequeños sueños
y con este reuma me causa dolores?

¡Qué tiempos aquellos frente a mi caldero!
invocando embrujos, haciendo pucheros…
…  tiempos que se han ido y ya no volverán
¡Si hasta mi escobita guindé en el zaguán!
Agradezca al cielo por mi jubilación
que si no, Patuca, en estos momentos
yo le estaría enviando una inundación
que la haría gemir tal como un jumento.

Deje ya el embrujo, que lo hace por vicio,
no me siga enviando este viento frío
que se anega el monte y desbordan los ríos
no mande más nubes, ¡vaya y busque oficio! 

lunes, 20 de mayo de 2013

La Voz de la Muerte

La voz de la muerte


Viene cada mes y toca su timbre.  Tiene una voz agradable y muy varonil.  Su dicción es muy aceptable.  Y demuestra tanta cortesía que a veces resulta chocante. Nunca le he visto, ¡no me atrevo a asomarme a la ventana!, aunque sería muy fácil.  Para mí es solo eso, una voz, ¡la voz de la muerte!  Oigo cómo le formula preguntas personales, le increpa de sus gustos y hasta se atreve a pedirle su número de teléfono. A ella, a mi vecina, le gusta.  Se le nota en la voz y en la risa (su tono no suele ser el mismo con el que grita a los niños que cuida).  Sólo oigo su risa una vez al mes.  Cuando ocurre esta visita furtiva, a media mañana, cuando no hay casi nadie en el vecindario.  Y su tos cada vez más sonora de fumadora crónica, rompe el silencio de la media mañana e interrumpe esa placentera risa.  Respira. Se calma.  Es así cada treinta días.


Hoy volvió la voz a casa de mi vecina.  Siempre con un bolso cargado de regalos.  La endulza, la prepara lentamente.  Y hubo risas, flirteos, comentarios.  ¡Y esa voz!  Una voz que parece entrenada para hacer sonreír, para responder a sus requerimientos.  Ella, mi vecina, cede.  No le importa la reiteración de las preguntas, responde presta y con gusto porque sabe que obtendrá su premio como el mes pasado, como el mes próximo.  Solo por eso contesta y sonríe…   y suspira ansiosa.  Termina la entrevista, ya la muerte deja su legado, su cuota de inversión progresiva y mi vecina la recibe, sonriente.  Se va la voz y ella, mi vecina, abraza a su paquete de cajetillas de cigarrillos, ansiosa de que llegue el próximo mes.  Feliz de haberse ganado un regalo más de la voz.  Tose y se ahoga.  Y cierra la puerta sonriente.

Postmortem

Post-mortem

Al filo de la medianoche, un espeluznante alarido rompió el silencio. Pareció salir de la entrañas mismas de la tierra. Todos corrieron espantados, buscando apoyo en el compañero o la vecina más cercana. De pronto, reinó el silencio nuevamente y una tensa se apoderó de dolientes y allegados. Solo al momento de la novena, frente a las gotas de lágrima que aún se empozaban en sus hundidos cuencos y el extraño vapor en el vidrio del féretro, comprendieron la naturaleza de aquel grito. Y lloraron su muerte post-mortem.











P.S.: La imagen fue tomada de
 http://elclubdelos7miedos.files.wordpress.com/2012/03/valdemar.jpg?w=226&h=300

martes, 14 de mayo de 2013

Guardería



Guardería
La pequeña Dulce, que apenas llegaba al mesón de la cocina, se trepó en un banco. Con la ayuda de Saúl y Laura, contemporáneos suyos y compañeros desde su primer año de vida en aquel lugar, aliñó cada trozo de carne y, con gran esmero, los tres fueron preparando la parrilla. ¡Celebraban el día de las madres! Y por ellas no querían descuidar ningún detalle. La mesa estuvo puesta y, entre trago y trago de “Bloody Mary”, madres y padres estaban entonados y “sabrositos”; tanto, que apenas notaron la ausencia de la dueña de la guardería improvisada en aquella casa, Marla, la anfitriona y supuesta organizadora de la fiesta, ni la de sus dos hijos. Todos comieron y tomaron a gusto... casi al amanecer se fue dispersando la masa de comensales y la casa quedó sola...

Tres días después, el titula de la prensa reseñana a página completa “PARRILLA MACABRA". Tres menores asesinan a su cuidadora y la sirven asada a sus padres. Llama poderosamente la atención que ni la sangre de la nana maltratadora fue desperdiciada: ¡la usaron para preparar la receta el famoso coctel “Bloody Mary” que sirvió para entonar la fiesta!; uno de los chicos la habría tomado de un viejo recetario de niñera. Las botellas de licor las guardaba Marla bajo su cama y en las tardes se daba sus “guamazos”, antes de emprenderla contra los chicos a insultos y golpes.”

Dulce, Saúl y Laura, son atendidos por un equipo multidisciplinario. Lo único que notan es que sus calificaciones han subido, son más sociables y su peso ha mejorado notoriamente. 

P.S.: Es uno de los miles escenarios que me he planteado ante algo que veo y oigo TODOS LOS DÍAS

jueves, 9 de mayo de 2013

Retoque Mágico


Retoque mágico


Sentadas frente a una hoguera, bajo un árbol en mitad del oscuro y tupido bosque, las dos brujas sacaron sus hígados y corazones, los remojaron en vino y bebieron de él.  Libaron amarguras viejas, ordeñaron desesperanzas y sembraron nuevas ilusiones al ritmo de cantos y conjuros que entonaron hasta el amanecer.  Con cada alarido y carcajada aquellos órganos sanaban con hermosa magia, entre chisporrotazos y luces de colores.  Justo al rayar el alba, con un pase de magia magistral, paliaron las últimas viejas heridas, devolvieron sus órganos rejuvenecidos y relucientes a sus respectivas cavidades y dieron un último toque a sus arrugas, vestidos y peinados.  Dos vueltas de varita, un conjuro y ¡zas!, desapareció la hoguera.  ¡Había sido una larga y fructífera jornada y ya estaban listas para otra centuria!...  Las hermosas brujas, alegres y bullangueras, se despidieron con un abrazo y emprendieron sus caminos, con la promesa de volver a encontrarse un siglo más tarde para su tradicional sesión de belleza integral.

sábado, 13 de abril de 2013

Eulalio


Eulalio

Conocí a un hombre. O lo que creí que lo era (con el tiempo pude notar que apenas era la sombra de uno). Siempre me movió a risa su necesidad de destacar el título profesional que ostentaba; en la oficina a todos –sin excepción- nos abordaban la risa y la lástima al ver aquella constante demostración pública de necesidad de reconocimiento no vinculado a su persona sino a un papel, al título de una profesión que, dicho sea de paso, no ejercía ni de oficio. Por esta razón se hacía difícil comprender esa dicotomía entre el “soy tal cosa” y el “mírenme como no ejerzo la tal cosa que soy”. Al tiempo lo entendí: la persona que era Eulalio tan poco tenía para ofrecer, que se postulaba en todo espacio público y privado, ostentando el título que había logrado no por puro mérito propio, sino por “recostarse” oportunamente de una amiga que “lo graduó”. Un buen día se descubrió por completo su pusilanimidad y capacidad rastrera. Justo en esa fecha pude agradecer con absoluto convencimiento el hecho de que se jactara tanto de su profesión –la que sólo le servía como tema de conversación en reuniones de equipo, pero muy poco para su ejercicio profesional- , pues pude ver cuán distante estaba de llamarse docente y cuán a salvo estaba yo de llamarlo ¡colega!... ¡Toda una bendición!

Vuelo sobrenatural


Vuelo sobrenatural

Julián recibió el día con mucho entusiasmo. De repente sintió que podía alcanzar el cielo y se dijo que así sería… ¡hoy el cielo era el límite!

Su entusiasmo era admirable y todos lo veían con una mezcla de miedo, curiosidad y asombro cuando tomó un súbito impulso y se empinó, con todas sus fuerzas, para lograr su objetivo. 

¡Fue un salto perfecto!: en un momento sintió cómo el aire tocaba su piel; lo embargó un extraño ahogo y una sensación de libertad y tristeza que nunca antes había sentido. En la pecera aún se habla de Julián, el pez dorado que voló en una fría mañana de enero, fuera del pequeño estanque. Ninguno –excepto Lucy, la vieja y taciturna tortuguita- vio su agonía de media hora, al pie del alto mueble donde se asienta aquel mundillo acuático. Y Lucy adora las leyendas.

Un día especial


Un día especial


La mañana del siete de enero prometía un día diferente. Así pensó Leticia al preparar su vuelo matinal. Y, de hecho, así fue, pero no como ella lo habría soñado: al salir, se topó con un señor bastante malhumorado que de un manotón la hizo ir a dar contra una ventana. De camino a su trabajo, en el basurero local, no dejaba de pensar que su día sería diferente, podía sentirlo de tal manera que todos su vellos se erizaban de sólo volver a asomar la idea. Ya en el trabajo, afanosa como era, se dedicó como ninguna otra a seleccionar los mejores montones de basura; era toda una experta y siempre lo había demostrado, así que hoy no sería la excepción. 


Ya al final de la jornada, en la tarde, luego de un descuido involuntario, tropezó de frente con un rociador áereo de insecticida. Luego del sopor y el mareo inicial, siguió su trabajo con ahínco, era muy resistente y un simple olor fuerte no iba a detener su vuelo; además, ya estaba por terminar su turno y pronto se reuniría con sus compañeras en el callejón sin luz. Le prometieron un festín y ella no se lo perdería por nada del mundo. Culminadas sus labores, Leticia –entusiasmada y contenta- decidió tomar un atajo en el camino a su fiesta nocturna. Estaba un poco cansada y con algo de mareo. Debía ser por el insecticida que inhaló, ¡cosa rara!, porque no solían afectarla mucho los químicos y ya estaba bastante acostumbrada a ellos. No voló por las rutas normales, quería evitar el tráfico y las corrientes súbitas de aquella noche fría. Volvió a sentirse cansada y decidió acortar aún más el camino, atravesando por una casa. De pronto, le falló la respiración y un ligero mareo la hizo tambalearse; se sintió desorientada cuando de pronto una joven apagó las luces. Dio varias vueltas buscando ubicarse nuevamente, se recostó por unos instantes de una gran pantalla iluminada y trató de continuar cuando, de pronto, sintió un impacto avasallante. Y ya no pudo levantarse para continuar. Leticia intentó moverse con las pocas fuerzas que le quedaban pero, al voltear para ver por qué su cuerpo no respondía, alcanzó a ver parte sus entrañas esparcidas a poca distancia. ¡Sí, al fin éste sí era un día especial, no se había equivocado aquella mosca tan perspicaz! Era el día para morir a medianoche, de un manotazo involuntario, en la brillante pantalla de una minilaptop, a escasos metros de su destino!

No hubo funeral, nadie se enteró de su muerte sino hasta días después, cuando sus compañeras consiguieron su cuerpo desmembrado en una bolsa en el basurero… ¡Y fue todo un festín para sus amigas!

miércoles, 2 de enero de 2013

Rapunzel (ejercicio de divertimento creativo a cuatro manos)

Mi amiga, Patricia Lara, escribió esta narración breve:

Rapunzel

La llamó desde el pie de la torre
y Ella; harta ya de que fuera a visitarla
en las noches y al amanecer partiera
dejándola en la torre
a merced de la bruja.
en un arrebato de inspiración
-o ira-
cortó con tijera su hermosa trenza rubia
y la arrojó al amante desde el balcón.
¡Y pensó!
A ver si por fin un día al bello príncipe "enamorado"
se le ocurre traer una escalera
para por fin poder ella escapar
y dejar de ser la prisionera
de la bruja cruel y despiadada
y también porque no decirlo
del príncipe encantado.

Patricia Lara

Y  yo, de locotróngola, le propuse los finales siguientes, planteando diferentes escenarios para el desenlace:

Rapunzel (final 1)

Luego del arranque de Rapunzel, afligido, el príncipe se echó a llorar al pie de un arce junto al cual reposaba la larga cabellera.
Lloró desconsoladamente, sus lágrimas bañaron una y otra vez aquel hermoso rostro hasta que, agotado de tanto sollozar, se durmió envolviendo su cara con el dorado recuerdo de su amor ahora roto. 
Pasaba por ahí otro príncipe, también muy apuesto y un poco corto de vista, que buscaba a una princesa condenada a dormir por siempre y, al ver a nuestro príncipe, ocurrió que –confundido por la blonda cabellera que rodeaba su cara- lo creyó la princesa de sus anhelos e inspirado por la emoción del momento le dio el más profundo y apasionado beso  que hombre alguno haya dado.
Lo que al principio fue una sorpresa para ambos, se convirtió en una historia con final feliz:  aliviados de tanta carga, decidieron huir y vivir los dos, felices por siempre.

Rapunzel (final 2)

Cansada de esperar por el príncipe (quien resultó ser un dechado de pereza y no se atrevió a cargar con la escalera), Rapunzel dejó crecer su cabello nuevamente y lo volvió a cortar pero, esta vez fue más inteligente:  se tejió una liana por la que escapó y huyó allende los mares.

Hoy es una princesa liberal, sin ataduras emocionales, cuenta con una peluquera personal que evita que el cabello crezca en exceso, se hizo la queratina para quitar las ondas que le dejara la crineja a la que estaba habituada y vive feliz, pasando una consulta de orientación y terapia de autoayuda para princesas, brujas y hermanastras abandonadas.

¿Y el príncipe?  Sigue soltero, rondando las torres del reino, a ver si cae de ellas alguna cabellera incauta.

Rapunzel (final 3)

El príncipe trepó, como pudo, los muros de la torre.  Al llegar arriba, los amantes se abrazaron y besaron con pasión por varias horas. Hasta que les dio hambre.  Lo primero fue un ataque de pánico. Luego las peleas para dividir las pocas raciones de alimento que les quedaban.  Después, la desconfianza de asomarse a la ventana (¡quién sabe si me empuja!, pensaba cada uno).  Hasta que, agotadas las reservas de alimentos, también se acabaron las energías para pelear.  Avizorando su final, se abrazaron tiernamente con las pocas fuerzas que les quedaban. 

Así encontraron sus osamentas doscientos años después los expedicionarios de la National Geographic al explorar los restos de un castillo medieval.

Rapunzel (final 4)

Viendo que había llegado la hora de actuar, el príncipe trajo a sus mejores hombres y les hizo construir una escalera sólida y estable.  Rapunzel, sorprendida y más enamorada que nunca, bajó por ella hasta los brazos de su amado. 

Juntos construyeron el más grande emporio de escaleras, puentes y sistemas de andamiaje que jamás se haya visto. ¡Ah!, y una franquicia de pelucas de cabello natural, pues a Rapunzel no dejó de crecerle el cabello.  ¡Y vivieron ricos y felices por siempre!

Rapunzel (final 5)

Al anochecer del tercer mes, Rapunzel tomó una decisión que cambiaría su vida.  Al amanecer, ya cansada de esperar, recogió sus cosas en un atado y lo sujetó a su cintura.  Tomó la única cortina de seda del recinto y, extendiendo sus brazos cual águila que planea por los aires, se dejó llevar por la fría brisa matinal (con el tiempo se sabría que, después de Ícaro, era considerada la pionera de los vuelos artesanales en parapente). Contempló paisajes que nunca había imaginado y voló muy lejos, tanto, que aún hoy no atina a recordar cuántos reinos sobrevoló en su huída.  Ya cayendo la tarde, sus brazos ya no soportaban más y fue cediendo mientras caía en una suave picada que más bien la hacía parecer una pluma. 

En tierra, alguien la miraba con ojos de asombro, arrobada ante el brillo que los rayos del sol del ocaso le imponían a aquella cabellera…  Ella, Pocahontas, dejó de llorar por la partida de su querido capitán y se entregó a la contemplación de aquella especie de ángel que caía frente a sus ojos.  Corrió desesperadamente al verla caer al agua, nadó como nunca en busca de su ángel y la llevó a la orilla.  Al ver que no respiraba, sollozó por unos momentos y luego, determinada a quedarse con aquel envío del Dios Sol, intentó compartir un soplo de vida con ella.  En la confusión, el recuerdo del príncipe, del capitán, los deseos dormidos, la admiración por la divinidad y el agradecimiento por la vida recobrada se fundieron en un beso único y prolongado que selló la unión de estas dos princesas que vivieron felices por siempre a orillas del mar, entre conchas, arena y chapuzones a la luz de la luna.




jueves, 27 de diciembre de 2012

Un final poco feliz y muy rostizado

Un final poco feliz y muy rostizado

Enterado como estaba de la historia de los dos amantes durmientes, y sediento de nuevas aventuras, se decidió a emprender viaje en busca de la fama y fortuna que tiempo atrás lo había abandonado.  Vistió sus mejores galas, calzó sus relucientes botas y se terció espada y botija de agua, que eran parte de la estrategia ya ideada en su mente felina y sagaz.

En el recorrido por los campos, evocó sus aventuras con el falso Marqués de Carabás, el ogro y otros tantos personajes del cuento que hoy decidía abandonar.  El Gato con Botas emigraba con gran decisión.  

Recorrió el camino enfrentando nuevos peligros y sin dejar de tomar a sorbos el agua de tinaja que había cuidado de llevar en su botija.  ¡Era parte esencial del plan!

Al llegar, se abrió paso entre la multitud que se aglomeraba para ver al forastero felino que calzaba botas mágicas.  Entró, confiado y sonriente, al recinto donde yacía la durmiente pareja y, en un abrir y cerrar de ojos, vació con mucho tino su contenido vesical en las reales faces de los durmientes enamorados.  Despertaron sorprendidos por el tibio y fétido baño.  De pronto se cerraron las cortinas de la alcoba principesca y la multitud, silente y atenta ya para ese momento, sólo alzanzó a oír un maullido ahogado y una espada caer.  Luego un olor a carne asada invadió los espacios de palacio.  Y ya nunca se supo qué había sido del dueño de aquellas botas que ahora colgaban en el portal del jardín principal de palacio, mezcla de tributo y advertencia.  Y fueron todos felices por siempre (menos uno)….  

miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡El Fin del Mundo es una Mierda!


¡El Fin del Mundo es una Mierda!

El amanecer del día 22 la vio caminar a tientas por el medio de la calle.  Apenas lograba reconocer la fachada de su casa, frente a la cual yacían, inermes y solitarias, las muchas botellas que compartió con aquella tropa de desconocidos fatalistas que se le unieron la noche anterior para compartir el temor y ahogar las penas del fatídico desenlace.

Poco a poco su cuerpo recobraba la noción tiempo – espacio que sentía distorsionada (debía ser por el cachito de marihuana, el licor nunca la había subido de esa manera). Una extraña sensación de amplitud corporal y un dolor generalizado la hacían tambalearse aún más.  No lograba comprender la razón de ese malestar y de tanto cansancio hasta que, al entrar a su alcoba, recogió los 38 condones esparcidos por el piso y el closet (eran 40, dos se rompieron en plena juerga) y recordó uno de sus propósitos de fin de mundo: romper y multiplicar su marca sexual de por vida.  Voluntarios no faltaron y logró agotar aquella cajita multisápida y colorida de variados condones que había recabado con total intención durante el último mes.

La cama y un espejo eran el único mobiliario en su casa pues, ante la inminente desaparición de la especie humana, decidió venderlo todo e invertir en sexo, drogas y licor… Y regalar algo de dinero a los pobres, por aquello de la redención final.  Hasta esas paredes le eran ajenas, en el sentido más puro: la casa también era parte de las ventas apocalípticas que había realizado, lo recordó al ver llegar el camión de la mudanza de sus nuevos dueños y sentir en su cabeza el dolor de la alegría de aquellos a quienes había creído estafar (¡a quién se le ocurre comprar bienes inmuebles de cara a la destrucción masiva de la humanidad!).

Frente al espejo que tanto la vio reír el día y la noche anteriores, ahora lloraba.  Con la cara entre sus manos y sumida en la autoconmiseración, gritó con dolor desgarrador: - ¡El fin del mundo es una mierda!  Y cayó desmayada por la resaca.