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domingo, 23 de junio de 2013

Un suspiro y una lágrima


Un suspiro y una lágrima.

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo. Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros… nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca. Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos! Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder! Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel y sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento. Con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!; cerró sus ojos para dar paso a una lágrima ¡y al fin durmió! Con un suspiro

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo.  Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros…  nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca.  Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos!  Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder!  Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel, sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento y, con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!

viernes, 31 de mayo de 2013

Soliloquio Virtual I

Soliloquio Virtual I


Amaneció nublado (me gusta así).  Me provoca tomar café (no soy "cafecera"), un "teterito":  un poquitín de café muy oscuro y una buena pinta de leche muy cremosa, ¡leche con café, pues!  No creo que me lo tome, por lo de la leche.  Creo que mejor me quedaré una rato más dormitando junto a la ventana, disfrutando de la brisa fresca y tratando de recordar si anoche vino el personaje que me inventaste.  Amanecí cansada y sin recuerdos.  Ha de haber sido él (a algo hay que aferrarse para evadir algunos males).  Sí, un café estaría bien; ¡y unas galletas de mantequilla!  Las hago en un tris, con ralladura de limón, ¿sabes?  Creo que a ese personaje habrá que ponerle un nombre.  No porque exista, que existe desde el momento que le hemos dado espacio en la conversación, sino por comodidad.  Sí un nombre, para contarte con quién tomé ese café en mis fantasías y a qué le supieron las galletas que nunca pude comer.

jueves, 9 de mayo de 2013

Retoque Mágico


Retoque mágico


Sentadas frente a una hoguera, bajo un árbol en mitad del oscuro y tupido bosque, las dos brujas sacaron sus hígados y corazones, los remojaron en vino y bebieron de él.  Libaron amarguras viejas, ordeñaron desesperanzas y sembraron nuevas ilusiones al ritmo de cantos y conjuros que entonaron hasta el amanecer.  Con cada alarido y carcajada aquellos órganos sanaban con hermosa magia, entre chisporrotazos y luces de colores.  Justo al rayar el alba, con un pase de magia magistral, paliaron las últimas viejas heridas, devolvieron sus órganos rejuvenecidos y relucientes a sus respectivas cavidades y dieron un último toque a sus arrugas, vestidos y peinados.  Dos vueltas de varita, un conjuro y ¡zas!, desapareció la hoguera.  ¡Había sido una larga y fructífera jornada y ya estaban listas para otra centuria!...  Las hermosas brujas, alegres y bullangueras, se despidieron con un abrazo y emprendieron sus caminos, con la promesa de volver a encontrarse un siglo más tarde para su tradicional sesión de belleza integral.