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domingo, 13 de octubre de 2013

Discordia

Discordia

Entre tú y yo hay un abismo
de palabras por decir,
un mar de silencios huecos,
ciénaga de malentendidos…
…miríada de instantes idos
que hoy nos cala hasta los huesos
y no nos deja vivir
pues ya no somos los mismos.

Entre tú y yo, ¡la distancia!,
un vacío innecesario,
miradas tristes y esquivas
son cotidiano quehacer
y solo logramos tener
del rencor, la resonancia,
y desencuentros rutinarios
que nos arruinan la vida.





domingo, 23 de junio de 2013

Un suspiro y una lágrima


Un suspiro y una lágrima.

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo. Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros… nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca. Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos! Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder! Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel y sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento. Con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!; cerró sus ojos para dar paso a una lágrima ¡y al fin durmió! Con un suspiro

Un martillazo en el cráneo, a la altura de su oído derecho, fue el que liberó a Liliana de aquel agobiante peso y de un cansancio añejo que la avejentaba y hacía sentir amargada. Frente a sus ojos goteaban, en rojo bermellón, veinticinco años de feliz matrimonio y sonoros ronquidos de Ezequiel, su adorado esposo.  Muchas fueron las discusiones, las consultas y los remedios caseros…  nada había solucionado aquella tortura de no dormir, noche tras noche, oyendo el huracán que salía de su boca.  Aquella masa informe sobre la cama le recordaba una de sus muchas pesadillas, pero Liliana sonreía, consciente de su realidad y de las muchas noches de silencio por venir, ¡ya no habría más ronquidos!  Vació meticulosamente el frasco de pastillas para dormir, teniendo cuidado de tomarlas todas con rapidez, ¡no había tiempo que perder!  Se acurrucó junto a su marido, acarició tiernamente su cara deformada, tratando de poner en orden los pequeños trozos de masa encefálica que aún vibraban sobre la almohada; besó con pausa los ya fríos labios de Ezequiel, sonrió con una mezcla de alivio y agradecimiento y, con un suspiro, exclamó: ¡Hasta siempre, amor mío!

martes, 14 de mayo de 2013

Crónica Noctámbula I


Crónica Noctámbula I

Cae la noche.  El silencio reinante invita a escuchar… ¡suspiro!...  Me lleno de esta paz que tanto extraño en las horas de sol.  Y estoy alerta.  Disfruto.  No hay nada que pueda hacerme huir de tanta quietud.  Te pienso.  Recuerdo tantas noches en que, invasor empedernido, poblaste mis silencios nocturnos, los escandalizaste con risas, suspiros y palabras… con besos.  Silencio.  Esta paz, en este momento, no se compara con ningún placer mundano.  Cómplices felices, el silencio y yo nos abrazamos en esta noche fría. Y somos uno. 
Amanece.  Llega la oscuridad de un día soleado.  Y lo pierdo.  Me pierdo.