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lunes, 20 de mayo de 2013

Postmortem

Post-mortem

Al filo de la medianoche, un espeluznante alarido rompió el silencio. Pareció salir de la entrañas mismas de la tierra. Todos corrieron espantados, buscando apoyo en el compañero o la vecina más cercana. De pronto, reinó el silencio nuevamente y una tensa se apoderó de dolientes y allegados. Solo al momento de la novena, frente a las gotas de lágrima que aún se empozaban en sus hundidos cuencos y el extraño vapor en el vidrio del féretro, comprendieron la naturaleza de aquel grito. Y lloraron su muerte post-mortem.











P.S.: La imagen fue tomada de
 http://elclubdelos7miedos.files.wordpress.com/2012/03/valdemar.jpg?w=226&h=300

martes, 14 de mayo de 2013

Clara


Clara

Llora, salta, ríe juega.
Se devanea entre las cartas, el agua y la hamaca.
Duda.
Un chapuzón soluciona
tanta incertidumbre.
Es la edad a la que luego querrá volver:
el tiempo de las difíciles decisiones
entre un juego y otro.
Ríe y juega.   Es feliz.

Lágrimas


Lágrimas


¡Miles!:
graneadas,
fluidas,
semidulces, muy saladas…

Han bañado mi rostro,
drenado mis emociones,
¡me han liberado!

No, no les temo
ni de ellas me avergüenzo,
pues salen si río
o si me resiento.

¡Miles!
me han acompañado,
por terrenos muy hostiles
y me recuerdan
que soy,
¡que siento!

sábado, 13 de abril de 2013

Amiga


Amiga


La que te escucha,
te apoya y te acompaña, a pesar de la distancia.

Esa, la que extrañas cuando se ausenta
y a quien abrazas con una mirada
para decirle: “todo estará bien”.

La que ríe de tus chistes malos,
te aconseja aunque no sigas sus recomendaciones
y te acompaña a llorar tus derrotas.

Quien te dice “no desmayes, creo en ti”
para que te atrevas a seguir adelante,
quien ante el dolor ríe y te dice “aguante”.
La que, viéndote llorar, te respeta y admira,
aún a sabiendas de que mucha de esa fortaleza emana de su abrazo, de su presencia.

Comprensión certera de tus frases locas, refugio silente
de poemas compartidos, narradora ferviente y fiel
de “chismes” incontables que sólo ella sabe relatar con entusiasmo.
Ésa, la que se come tu helado
o sorbe de tu café, se roba la guinda de tu postre
y pone cara de “yo no fui”, con una sonrisa de “no lo hago más”.

Saludo lejano, compañía afable en la enfermedad,
recuerdo en la salud, carcajada oportuna en la tristeza.

Abrazo fuerte aunque te resistas, contacto cercano
con la hermandad no consanguínea…  ¡Amiga!

Poema para mi madre


Poema para mi madre

Hoy la historia nos anocheció la sonrisa
y el manantial de tus ojos
me ha inundado la conciencia,
¡me ha inundado la esperanza!

Te derramaste ante mí
con dolor inenarrable
y me quebré de impotencia
con tu llanto inconsolable.

Y quise ser consuelo, amiga, hija,
compañera solidaria
pero me desarmó tu tristeza
y me paralizó tu abrazo.

Te pedí que respiraras
mientras yo me ahogaba en llanto
y te admiré, más que nunca,
en tu naturaleza humana.

Bendito sea tu dolor,
¡benditas sean esas lágrimas!
que hoy me hacen despertar
y salir de esta crisálida.

Hoy despierto ya a la vida
tú me has hecho más humana
hoy siento que aún más me obligo
a luchar por el mañana.

Yo no puedo consolarte,
madre, amiga, patria, hermana…
pero tu dolor me duele
y mi corazón desgarra.

Yo no puedo consolarte,
creo que –más que tú- ¡soy tan blanda!
que temo resquebrajarme
si apenas mi voz te habla.

Brindo por que en el futuro,
nuestras distancias no valgan
que valga aún más la hermandad
de nacer en esta patria
y que juntas, como siempre
luchemos en esta tierra ancha
por tus hijos, por los míos,
¡por toda esta tierra vasta!
no con armas, con ideas,
con poemas y palabras.

Hoy te abrazo y regalo
mi corazón y mi alma
y te entrego, ¿por qué no?
mi dos manos solidarias
para estrecharte muy fuerte
y para secar tus lágrimas.

Te regalo, con mis versos,
la esperanza de un mañana
con miles de corazones
y de manos hermanadas.
Por caridad, ¡ya no llores!
¿no ves que me resquebrajas?
Ve tranquila, lleva flores
al que yace en su mortaja
mas no olvides tu legado
de hacer una mejor patria.

Ya no llores, madrecita,
grita ¡que viva la patria!
y sigamos por la vida
en esta lucha callada
por un mundo más humano
por una patria más sana.

viernes, 12 de abril de 2013

Tristeza y Esperanza


Tristeza y Esperanza
(Ceguera paradójica)

Triste
un pueblo llora tu partida
con la certeza de que no estás y la conciencia de tu vacío.
Lamentan que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan… ¡y lloran!
para albergar el dolor y la ilusión de un hasta siempre
en la siembra de tus ideas,
anhelando un nuevo tiempo,
con tu ausencia y de tu mano.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Llega la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzado,
un pueblo sonríe ante tu partida
y se engalana para celebrar tu ausencia.
Se alegran de que hoy los dejas
y sus corazones se agigantan … ¡y lloran!
anhelando un tiempo nuevo
que no estará unido a ti.
Y se abrazan
en el compromiso de hacer más patria.
Muere la tristeza, permanece la esperanza.

Esperanzada -pero triste-, lloro,
ante la ceguera paradójica de un pueblo que aún no entiende
que contigo, o sin ti,
la patria se hace desde la vida misma,
no se posterga
en la esperanza de la muerte de otros,
en el peso mesiánico y pasivo de aguardar tiempos mejores
en la culpa que recae sobre el otro.

Esperanzada, abrazo a cada hermano venezolano,
en su alegría, en su tristeza y –aún más- en la esperanza
de un despertar de conciencias,
de un amor más puro;
de un presente en armonía, a pesar de las diferencias;
de una patria bella,
diversa… ¡simplemente patria!
  

sábado, 1 de diciembre de 2012

Más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla…

Más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla…  ¡pero pa´lante!
Hay un adagio -no sé si de Tagore- que se quedó en mí y conmigo hace muchos años:  “Es infinitamente más hermoso ser engañado mil veces, que perder una vez la fe en la humanidad".  Esta aseveración viene a mi mente en un momento en el que me hallo resolviendo –en mi rol docente- serios problemas de valores y –en mi rol “persona”- enfrentando una de esas revisiones profundas que no siempre nos arrojan los resultados que creíamos obvios; estoy, en fin, llevando a cabo un análisis de mi propio ejercicio docente, desde la perspectiva de dos materias que este período me hicieron “ruido”:  Autoestima y Desarrollo Personal y Desafíos de la Educación.  En el transcurso de ambas cátedras se me plantearon interrogantes que me llevaron a una revisión personal de mi ejercicio docente y del entorno socio cultural y psicoafectivo que lo circunda.  Y, en un punto del análisis, llegué a sentirme bastante disconforme y dolida con lo que sucede a mi alrededor.  Sin embargo, no me quedé en esa primera impresión, sino que pasé a la revisión de esos aspectos que me hacían ruido. 
Un primer elemento que tuve como referencia para mi revisión, fueron los postulados de Albornoz (1985), quien para esa época revisara la estructura del sistema educativo venezolano desde una perspectiva integral con predominantes rasgos de su personalidad.  Me desagradó, en primera instancia, el enfoque sexista y clasista de su análisis.  Sin embargo, al ver desde una perspectiva general el análisis del autor, puedo percatarme que siguen vigentes muchos de los aspectos que se critican en su obra, como si de una burbuja en el tiempo se tratara.  Nuestro sistema adolece de múltiples defectos en todas sus instancias, vicios en la metodología y –a la luz de la coyuntura política actual- vicios profundos en la concepción del rol del docente, de la familia y de TODOS los actores del sistema educativo.  Éste presenta, además, una marcada relativización –en su aspecto legal y formal- de las normas y procedimientos, lo cual para cualquier docente que se precie de serlo en toda la extensión de la palabra, representa un marcado compromiso ético y moral. 
Por si lo anterior fuese poco, se le suman los problemas de desarticulación social y familiar que generan, a su vez toda la crisis de valores que impera en nuestras escuelas, familias y en la sociedad toda.  Para sumar “un toque de dulzura” a este postre, también debemos abordar la capacitación poco adecuada de muchos de los docentes en ejercicio en los momentos actuales, lo cual se añade a un deficiente sistema de remuneración y compensaciones.  En este punto quiero detenerme, porque siento y considero que el aspecto concerniente a los valores es un punto de honor que debemos rescatar.  En los últimos años, en nuestro país, se ha venido instaurando una cultura de “vivalapepismo” que pareciera dar al traste con todo lo que hacemos en el aula.  En el plano personal, como mencioné al principio, me ha tocado de cerca esta crisis de valores es notoria en algunos aprendices a los que doy clases, siendo afectada de manera directa y personal a un punto tal de que mis pertenencias fueron sustraídas, en un caso, o que se ha intentado ir contra mi persona en procedimientos administrativos ilegales por no aprobar a quien, no cumpliendo con las competencias mínimas, no ha obtenido la calificación mínima aprobatoria.  Al pasar por esta coyuntura, incluso mi mente se trasladó al análisis de Hoffman en su obra “La educación desde el banquillo de los acusados”, cuando habla de cómo ha evolucionado (¿o involucionado?) cada una de figuras que se integran como actores del sistema educativo y la concepción que se tiene del marco legal que nos “asiste”.  Debo confesar que mi primera lectura de este segundo autor, fue con una visión más bien divertida; sin embargo, me descubrí leyendo de nuevo en mi mente todo cuanto aportó en sus páginas, a la luz de esta experiencia que acabo de asomar y –definitivamente- logré comprender mucho mejor el punto de vista del autor, llegando hasta a añorar a esos maestros, estudiantes y padres “de antes”.  Y lo digo sin el menor desparpajo, pues es innegable que estos aspectos condicionan el desempeño y motivación de cualquier docente y yo no escapo a esa situación de afección. 
La revisión no termina aquí, creo que he llevármela “de tarea” por muchos, muchos más meses, pero deseo detenerme en este punto para no convertir mi ensayo en un simple balance de pérdidas.  Quiero ahora –desde mis convicciones, mi experiencia y (por sobre todas las cosas) desde mis afectos- dejar sentado que todo este panorama, lejos de ser un tope para mi desempeño profesional, es en realidad una oferta abierta de un escenario para demostrar mis potencialidades; y es en este punto donde que cobra valor y peso específico el nombre de la cátedra: DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN; pues lo que para muchos podría ser un cataclismo de obstáculos puede consolidarse –dependiendo del cristal con que se mire- en el espacio perfecto para destacar y hacer la diferencia.
Comencé hablando del adagio –repito, no sé si de Tagore- que se quedó en mí y conmigo hace muchos años:  “Es infinitamente más hermoso ser engañado mil veces, que perder una vez la fe en la humanidad".  Ante una realidad tan avasallante como la descrita en los párrafos anteriores, no queda nada fácil la congruencia entre palabra y acción, ¡nada fácil!  Especialmente cuando hay los tropiezos inherentes a eso que llamamos naturaleza humana.  Ser congruente con esto, significa trascender el contacto con las miserias –propias y ajenas- y atreverse a soñar, ¡a creer!, que lo que se hace tiene un sentido y ha de surtir un efecto sistémico:  no cambiaremos el sistema sino cambiando nosotros mismos y nuestro entorno.  Eso lo hemos escuchado siempre, toca ahora ponerlo en el plano de la praxis inmediata.

Mencioné anteriormente que esta revisión la he llevado a cabo desde las vivencias poco agradables que como docente me ha tocado presenciar los últimos días.  Por eso hoy, con las lágrimas a flor de piel y con una tristeza más grande que la muralla china, reafirmo mi convicción de ser docente, a pesar del entorno y de los tropiezos, a pesar de esas pequeñas mezquindades que a veces tocan nuestro hacer y nuestro andar.  Me permito reafirmar que creo que vale la pena confiar en el ser humano y apostar por una mejor calidad de vida, con todas las letras y significados que eso implica.  Sí, hoy estoy más triste que la Cucarachita Martínez el día que el Ratón Pérez se cayó en la olla, pero eso no ha de cambiar mi naturaleza, mis valores y mi convicción de que la educación puede hacer la diferencia.  Educación, ésa, la integral, la que considera el todo y las partes; no la que sólo cubre contenidos y descuida la trascendencia del ser humano.  Hoy me toca, como docente que se reconoce humana y, en tanto tal, perfectible, aprender –de una forma algo retorcida, cruel e ilógica- cuánto valen los afectos y de qué manera superan el valor de un bien material (al menos para mí).  No sé cómo reaccionar del todo ante las agresiones o fallos del sistema, esos que no hieren y lastiman, no quiero actuar (soy educadora, no actriz) y no quiero herir, a pesar de la herida recibida.  Este llanto silente debe traer consigo algún aprendizaje (que aún no decodifico y que me indigna hasta el hartazgo), pero me niego a pensar que sea el no confiar, el no querer, el no amar aquello que hago y para lo cual me he preparado con el mayor de los esmeros.  Me niego a ello de manera rotunda pues, lo contrario, sería ir contra natura.  Hoy, como todos los días, a pesar de esta desagradable sensación que tengo entre pecho y espalda al ver una realidad que no es la que deseo para mí, para mi hija, ni para mis estudiantes ¡BENDIGO EL BIEN Y QUIERO VERLO!, en la convicción de que fuimos creados en bondad, amor y honestidad y que podemos –si así lo decidimos- devolver en bien lo que en bien recibimos, reconociéndonos docentes de calidad, capaces de responder a los retos de esta sociedad y construir –juntos- la patria grande y bonita que nos merecemos.