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miércoles, 19 de junio de 2013

Pequeña salvación

Pequeña Salvación

A veces la marejada de nuestros pensamientos
-de nuestros temores y  argumentos,
de nuestras absurdas “lógicas” racionalizaciones-
amenaza con ahogarnos
en la playa de la costumbre.

Nadamos contra corriente,
bogamos sin rumbo
en la bruma de esta soledad acompañada.

Somos velero sin mástil,
marinero herido,
maremágnum de desdichas reales e imaginarias.

Errantes, absortos y distraídos,
morimos de a poco
hasta la próxima sonrisa,
la próxima palabra
en que nazca un halo de luz,
tabla de salvación en la expiación cotidiana de nuestras soledades.


miércoles, 12 de junio de 2013

Un limón, medio limón

Un limón, medio limón


Un limón, medio limón, dos limones...
Una amargura, dos amarguras, tres amarguras...
Un recuerdo, dos recuerdos y ahí te ves...
Una pasión, un vaporón, muchas pasiones...
Un limón, medio limón, dos limones…

Un tequila, dos tequilas, luego tres...

Un olvido y un “te quiero”, aunque no estés.
Un lagrimón, medio limón, dos lagrimones.
Te fuiste lejos, te lloré mucho… ¡te olvidé!

Un limón, medio limón, dos limones…

Un tequila, dos tequilas, luego tres...

sábado, 8 de junio de 2013

Felicidad

Felicidad
(Dedicado a mi adorada hija)
La felicidad se parece
al brillo de tus ojos de almendra,
a las carcajadas alegres de tu risa fresca,
al cálido abrazo con el que cobijas mi existencia.

Sí, la felicidad debe ser tan dulce
como tu presencia en mi vida,
como el dulce olor de tu cuerpo
que aún conserva el aroma a bebé.

Y debe saber tan rica como besarte en la punta de la nariz
o como acariciar cejas para luego delinear tus ojos.

La felicidad es oír tu respiración pausada mientras duermes,
o compartir juntas una pequeña victoria cotidiana.

Y que me beses, y me cantes…  y sujetar tu mano
para que bailemos un tango mientras me voy de lado.

Tu humor, tu sonrisa, tus abrazos y tus besos
son parte del saldo positivo que me acerca

a la felicidad cotidiana. 

jueves, 6 de junio de 2013

Banalmente agradecida

Banalmente agradecida

Hoy levanto mi voz agradecida
a un bocado de fruta que siento que salvó mi vida
nunca creí que un momento así llegara
y que un trozo de melón el día me alegrara:
he pateado la calle desde esta madrugada
y –por males de salud- no ingerí absolutamente nada;
regresé a mi casa entrado el mediodía,
teniendo que salir de nueva cuenta
la tripa me sonaba ¡casi se me revienta!
pero aguanté estoica mi lúgubre agonía
que databa de antes, pues el día anterior
tampoco le eche al saco nadita, ¡no señor!

Ya andaba por la calle como mirando lejos
quería arepa, carne (o aunque fuese un “pellejo”);
me urgía llegar a casa para saciarme el hambre
caminaba torcida, no aguantaba el calambre
y llegando recuerdo; ¡si yo no he cocinado!
¡Ave María, Lola, la rabia que he agarrado!

Buscando un aliciente voy y abro la nevera
¡y que pillo un melón muy horondo y bien picado!
Ni corta, ni perezosa, de un tiro me he zampado
dos buenos trozos y el hambre, ¡como si no existiera!

Tengo que confesar, en honor a la verdad,
que en cualquier otro momento lo habría rechazado
pues en los últimos tiempos el melón me ha causado
repugnancia y rechazo, ¡ya no lo toleraba!

Con buena hambre no hay mal pan, reza el dicho popular
y con esta experiencia yo lo puedo asegurar
termino como dice el verso que encabezaba
las estrofas que escribo (a lo mejor banales):
Hoy levanto mi voz gentilmente agradecida
a un trocito de fruta que sin ser mi preferida
fue frugal aliciente para uno de mis males.



viernes, 31 de mayo de 2013

Esperanza

Esperanza

Luz que se vislumbra
al final del cuarto oscuro
de mis desilusiones

Cabanga.
Soy alma errante
entre las ruinas tristes de esta nostalgia de ti.
No me consume la pena.
Vago para regocijarme en cada recuerdo tuyo.
Sonrío a esa, tu  presencia inmanente,
que ya nunca me abandonará.
Vago entre mi nostalgia y tus recuerdos.


Suspiro.

martes, 14 de mayo de 2013

Sentada


Sentada
(A mis Glándulas de Bartholini)

Sentada aguanto,
espero en la espera de quien padece.
Temo y espero.
Impaciente, resisto la presión,
ansiosa de un gran estallido
que me libere de tanto dolor.
Inamovible, resisto,
provocando, urgiendo la explosión liberadora
que me devuelva la relajación total.
Y desisto.
Decaigo.

Lamentos


Lamentos

Tengo un dolor en la puntada
que me da puyazos de noche
¡y en la madrugada!

He tomado remedios a montón
y no salgo de este atolladero,
¡ay, Dios, qué dolorón!

A pesar de tanto y tanto esmero
de alivio yo no encuentro nada
¡no, no lo quiero!

Quiero que vuele de mí cual alimoche
y salirme de este vaporón
porque ya estoy cansada
¡no más boches!


Percepción


Percepción

No recuerdo el sonido de tus carcajadas,
pero llevo grabada a fuego
la sensación que ellas me dejaron. 
Y sonrío al tratar de evocarlas,
aunque no pueda ni remotamente imaginarlas. 
Así eres,
esencia omnipresente
en mis pequeñas sonrisas nostálgicas. 
Y en ellas te siento cercano, adherido a mis memorias. 
Mío.

sábado, 13 de abril de 2013

Amiga


Amiga


La que te escucha,
te apoya y te acompaña, a pesar de la distancia.

Esa, la que extrañas cuando se ausenta
y a quien abrazas con una mirada
para decirle: “todo estará bien”.

La que ríe de tus chistes malos,
te aconseja aunque no sigas sus recomendaciones
y te acompaña a llorar tus derrotas.

Quien te dice “no desmayes, creo en ti”
para que te atrevas a seguir adelante,
quien ante el dolor ríe y te dice “aguante”.
La que, viéndote llorar, te respeta y admira,
aún a sabiendas de que mucha de esa fortaleza emana de su abrazo, de su presencia.

Comprensión certera de tus frases locas, refugio silente
de poemas compartidos, narradora ferviente y fiel
de “chismes” incontables que sólo ella sabe relatar con entusiasmo.
Ésa, la que se come tu helado
o sorbe de tu café, se roba la guinda de tu postre
y pone cara de “yo no fui”, con una sonrisa de “no lo hago más”.

Saludo lejano, compañía afable en la enfermedad,
recuerdo en la salud, carcajada oportuna en la tristeza.

Abrazo fuerte aunque te resistas, contacto cercano
con la hermandad no consanguínea…  ¡Amiga!